miércoles, 6 de febrero de 2013

Náufragos en Nuremberg

   Se acerca el final de un laaargo camino. Náufragos ha sido presentado en la feria del juguete de Nuremberg, y aquí os dejo un vídeo (en inglés) para que podáis hacer una primera toma de contacto con la producción final.

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=VjBZwR7WjH4


viernes, 1 de febrero de 2013

ROMPIENDO UNA LANZA POR LOS JUEGOS SIN DECISIONES ESTRATEGICAS



     Cada cierto tiempo, se genera una polémica sobre Talismán, un juego de fantasía con poca capacidad de decisión por parte del jugador. Tan poca, que se le ha llegado a comparar (despectivamente) con la Oca.



   Pues yo soy uno de los que les gusta el Talismán, y he estado dándole vueltas a la cabeza sobre su comparativa con la Oca y la falta de decisiones que tiene el juego (tan sólo elegir mover en una dirección u otra, y modificar la tirada con los puntos de destino y poca cosa más). ¿Porqué nos divierte esto? ¿Porqué la Oca, o juegos de recorrido con el más puro azar entretienen desde hace tantos años a la gente? Bien, aquí van mis dos céntimos: la diversión de un juego no tiene porqué ir relacionada con su amplitud de estrategias; si esto fuera así, se podría hacer una lista exhaustiva de juegos más divertidos de mayor a menor, en función de su profundidad estratégica. Y llegaríamos a la conclusión, de que un World in flames, o el ajedrez, son  más divertidos que un Aventureros al Tren, por poner un ejemplo.
   ¿Se necesita un mínimo de toma de decisiones para disfrutar (divertirte) con un juego? Mi opinión es que no. Cuando vas al cine a ver una película, no tomas ninguna decisión: te limitas a ser un simple espectador de lo que acontece. Y sin embargo, te diviertes. Igual que si lees un libro. Así que a un juego, como otra forma de ocio que es, también puede aplicársele esta máxima: no es necesario ofrecer decisión para obtener diversión.
   Entonces…¿qué hace un juego así divertido? Pues la incertidumbre. El azar. Precisamente la falta de capacidad para evitar nuestro destino, ser simples espectadores de nuestro paso por el tablero; ya la Oca reflejaba eso en sus orígenes, con un simbolismo que lo convertía en algo más que en un “tiradados”, como está considerado hoy. La Oca era la simbología del camino del hombre por las etapas de la vida, y posiblemente se jugara como un test de la propia suerte vital del individuo. Ganar a un juego de azar puro te anima a creer que la suerte está de tu lado, que la vida te sonríe. Ver a los demás fracasar allí donde tú has tenido fortuna, es algo muy arraigado en el subconsciente de supervivencia del mono que somos. Soy superior porque el destino así lo quiere. El problema es que la Oca ha perdido esa simbología con el paso del tiempo. Y ahora tenemos Talismán. Un juego con un mínimo de decisiones, y que sin embargo ha sido jugado durante décadas y nuevamente reeditado con éxito. ¿Porqué? Porque al margen de su poca estrategia, el juego es capaz de contar una historia. Es como ver una película de fantasía. Su mérito es involucrarte en el mundo de ese tablero, de esas cartas con sus textos literarios de ambientación. Y gracias a esa inmersión, se recupera el placer de vivir una vida ajena (la de tu aventurero) casi como mero espectador, pero a la vez, jugando de nuevo a desafiar a los designios del azar. 

   La incertidumbre, creo que es la clave. El enfrentarte a algo que no vas a poder controlar, dejar las riendas de tu destino en manos del azar, no tener que tomar decisiones, simplemente “ver la película” o “correr la carrera”. Tanto meditamos en nuestra vida acerca de todo, que a veces un juego “simple” o incluso de azar puro, puede permitirnos por un rato desconectar nuestra mente racional y conectar el lado irracional, aquel donde podemos creer en nuestra propia fortuna, ese que nos  hace soplar los dados como para insuflarles poder antes de hacerlos rodar.
  Y esa incertidumbre, que es común a una película, un libro, o un juego de azar, es lo que nos hace divertirnos con este tipo de juegos.
  La experiencia de Talismán con respecto a Runebound es distinta. En el primero, busco dejarme llevar por la película que cuenta el juego (es como ver una y otra vez la Princesa Prometida); en el segundo, trato de decidir mis mejores opciones, tienes un control que te obliga a pensar. Y a veces pensar no es tan divertido como soplar dados.

  Por cierto, y volviendo a la Oca, he encontrado esta entrada en un blog, donde podréis admirar una maravillosa colección de tableros de este juego. La gran mayoría de ellos son preciosas obras de arte.

lunes, 14 de mayo de 2012

Debuto como colaborador en EL TABLERO de Kabutor

   Debuto / Kabutor   mmm, extraño juego de palabras.
  Bueno, el caso es que me estreno. No seáis muy crueles.

  El contenido...: 


Nuevo número del Tablero Podcast, donde se habla de la caída de Joc Internacional (¡Dios mío! ¿fué ASI como sucedió realmente?), se comenta nuestro fin de semana lúdico y disfrutamos de la colaboración histórico-lúdica de Celacanto, al que cada día estoy más enganchado. Se merece él solo un programa de historia.
  Lo único malo, el nuevo colaborador... :-)

http://eltableropodcast.blogspot.com.es/2012/05/ep38la-caida-de-joc-internacional.html

viernes, 11 de mayo de 2012

LOS COMICS DE PAPÁ



 Hoy, de visita en casa de mi madre, he recuperado los comics de Flash Gordon que fueron propiedad de mi padre; de cuando en cuando, me gusta visitarlos, disfrutar de las magníficas ilustraciones de Alex Raymond y sobre todo, de la forma de hacer las cosas hace casi cincuenta años.







   Los comics de la colección Heroes Modernos que aparecen en la foto, están amarillos y estropeados, pero para mí son un tesoro de valor incalculable. Eran de mi padre y los leíamos juntos cuando yo era un niño. Sólo tenía un puñado de ejemplares, con numeraciones salteadas y había muchas historias que quedaban a medias. Las "strips" se notaban diseñadas para ser publicadas en formato de diario, a tira por jornada, sospecho. Y si no, el estilo estaba muy arraigado en el creador de las "historietas".
     Les he tomado algunas fotografías con el móvil (disculpad la mala calidad). Esta, donde se ve el precio de cada cuaderno, 3 pesetas. El equivalente a un par de céntimos de hoy en día.



O esta otra, los títulos de crédito del tomo que aparece al inicio de esta entrada, donde hoy compruebo con sorpresa que estaban impresos por Heraclio Fournier.
 




   Este lujoso tomo, que contenía unas aventuras maravillosamente ilustradas (como se puede ver en la fotografía siguiente), es una obra maestra del arte de su autor, que sólo tiene rival en Hal Foster (príncipe Valiente). No hay una Dale Arden más hermosa que la que dibuja Raymond, ni un Flash Gordon más auténtico que el suyo. Su pluma es al personaje lo que Jonny Weissmuller a Tarzán.





 Y para terminar, os dejo la última página de uno de los cuadernillos de tres pesetas (ejemplares que por cierto se remontan a finales de los 50 y principios de los 60, siendo el tomo a color del 71), donde aparece una publicidad acerca de la panoplia de pistolas del "Fantasma que Camina"; todo un ejemplo de la cortesía con la que se dirigía entonces un editor a su público y de lo limitado de la producción de merchandising de la época.





  Gracias, Papá, por aquellos tebeos. Y por todo lo demás.



miércoles, 2 de mayo de 2012

MICRORRELATO: La soga

   Amiel, el anciano judío, se dejó seducir por Rasha, la muchacha de veinticuatro años que era tan bella como el atardecer en el desierto. A ella se lo entregó todo: vida, sueños, dinero y dignidad. Cuando Rasha lo hubo despojado de todas sus riquezas, lo abandonó. Y Amiel, que ya no entendía la vida sin ella, buscó precipitar su muerte. Para ello, acudió de madrugada al bazar de Ahmed, a comprarle una soga. Regresó con ella a su casa y se ahorcó.
Cuando encontraron su cadáver al día siguiente, la noticia se extendió por Tanger; Amiel era bien conocido por todos; y finalmente, el rumor llegó a Ahmed, quien le había vendido la cuerda. Al conocer la noticia, pateó el suelo y llamó hijo de perra y desgraciado al anciano judío. Le preguntaron por su ira, y Ahmed gritó:
-¡Estuvo más de media hora regateándome el precio de la soga!

lunes, 30 de abril de 2012

MICRORRELATO: Funcionario


Tampón, folio, sello, sobre. Tampón, folio, sello, sobre.  Ocho horas al día, sin levantar la vista de los documentos donde cientos, miles de ciudadanos habían manuscrito sus motivos para obtener la pequeña ayuda que el gobierno ofrecía a los familiares de aquellos que, por dignidad, aceptaran el suicidio como una alternativa viable a su improductividad. La mayoría eran ancianos recién jubilados, que tenían muy claro que el estado no podía mantenerlos. Otros habían sufrido accidentes laborales o eran incapaces de ejercer una profesión. En cualquier caso, el trato era justo; el Estado se liberaba de su manutención y a cambio proporcionaba una pequeña renta a sus familias, que les permitiría obtener algo de pan y medicinas en el Mercado Solidario.
   Tampón, folio, sello, sobre. A Manuel le dolía tanto la  muñeca, que a veces no podía evitar llorar en la soledad de su despacho. Sabía que pronto no podría ejercer su trabajo, y tendría que rellenar uno de aquellos formularios para que sus hijos pudieran comer.

miércoles, 25 de abril de 2012

MICRORRELATO: Los señores de la guerra.

Quiso ser más poderoso que los demás. Pueblo a pueblo, devastó la tierra y regó de sangre las casas de los inocentes. Era la muerte encarnada en su figura monstruosa, que no había conocido amor de madre ni de mujer. Montaba un destrero enorme de ijares cubiertos de mierda, negro como la noche oscura y terrible. Era su voz un ronco grito de odio, era su armadura una confusión de placas oxidadas y chirriantes. Su espada, un hierro atroz embotado de sesos y sangre.
   Éste era Baladur cuando Sir Lorair lo enfrentó. Y muerto de espantosa herida el asesino de hombres, el arrasador de provincias, parecía un fardo inmundo derramando poco a poco sus entrañas sobre la hierba. El paladín envainó su espada, agradeciendo en silencio la victoria a los arcángeles del cielo. Luego escupió sobre el cadáver y le murmuró…
   -¿No querías dejarme gloria para mí, hijo de mil perras?
   El destrero negro, huérfano de amo, se arrimó despacio a sir Lorair y le olfateó el guantelete de acero, que áun olía a sudor y muerte. Lo encontró familiar y resopló, satisfecho, dejándose montar.