lunes, 17 de enero de 2011

ROL (I)




   A veces es difícil ponerle fechas concretas a acontecimientos que suceden en tu vida. Tienes que tirar de hemeroteca para poder datar reglamentos, partidas, escenas en general de tu vida lúdica.
   En la época en que mi hermano y yo jugábamos a juegos NAC, se publicaba también en la (por aquel entonces) lejana Barcelona, un fanzine llamado Lider, al que rápidamente nos suscribimos para disfrutar de una de las únicas fuentes de información que lúdica que existían por aquella época. Pero mientras buceábamos en los artículos sobre wargames, y leíamos las excelencias de sistemas como ASL o Empire in Arms, a mi se me iba la vista hacia otro tipo de artículos, donde se hablaba de algo llamado “juegos de rol”.
   En concreto, el artículo que despertó mi interés, y que hoy he podido localizar gracias a los escaneos de la colección de lider,  era uno titulado “Aventúrate, pero seguro”, publicado en el número 2 de la 3ª época (creo que ya tenía Lider portada en cartulina couché, por aquel entonces).
  En dicho artículo se daban una serie de consejos para aventureros, sobre cómo afrontar las aventuras, el equipo necesario para llevar, o cómo gestionar un combate u organizar un plan por si todo sale mal. Ni qué decir tiene que yo leía todo aquello maravillado, preguntándome como demonios se jugaría a aquel juego que tenía tan buena pinta. Si nunca has jugado a rol, y escuchas a dos personas comentando una partida, pensarás que se han vuelto locos; lo mismo me sucedía a mi leyendo aquellas líneas: no era capaz de concebir cómo se llevaban a la práctica todos aquellos consejos, sentado en una mesa de juego. Así que, entre lanzamientos del dado NAC (aquel que no tenía ni unos ni seises, y con el que saboteaba, de paso, las partidas de parchís con mi abuelo) y factores de combate, yo iba cada vez interesándome más por aquel tema del rol.
   Vivía en aquellos años en Córdoba. Aún no había cumplido el servicio militar, porque corrían el final de los 80. Así que yo, que siempre he sido un mal estudiante, comencé a buscar donde ampliar mi fuente de conocimientos y, preguntando y comentando en el instituto, conocí a algunas personas que jugaban a “aquellos juegos” en La Casa de la Juventud, de Córdoba, los viernes por la tarde si no recuerdo mal.
   Un glorioso día, me invitaron a una partida.
   Eran los tiempos de los reglamentos en inglés y las fotocopias. De la encuadernación con canutillo y las fichas de personaje delineadas a mano; del novedoso ADD y su preciadísima secuela, el Arcana, que circulaba de mano en mano, como una novedad traída allende los mares, entre los jóvenes que se encontraban en aquella sala grande, donde cada fin de semana, rugían los dragones y temblaban los cimientos de los reinos más grandes de docenas de mundos de fantasía.
   Aquella tarde, me ayudaron a crearme un Ranger (hoy en día son guardabosques, exploradores o montaraces). Me senté en la mesa, y comencé a observar cómo se jugaba a aquel juego. Había una persona que iba narrando una aventura; mis compañeros de mesa le interrumpían constantemente, haciendo observaciones, indicando las acciones de sus personajes, respondiendo a los desafíos que “el máster” les planteaba.
    A los pocos minutos, ya estaba yo participando con mi ranger. Hubo una emboscada en una mazmorra, y un mago traidor que bloqueó el corredor mientras él escapaba. Todos murieron en un combate desigual, pero yo pude escapar. Por la noche, rastreé al hechicero y lo asesiné, en venganza, mientras dormía.
    Unas horas después, me había enamorado de aquel juego.
   Recuerdo que, de camino a casa, en el autobús, mi cabeza ardía tratando de calibrar las inmensas posibilidades de aquel sistema de juego tan novedoso. Quería las fotocopias, quería aprender acerca de hechizos, de habilidades, de clases y razas, de equipo, de monstruos… pero todo estaba en inglés, y yo era de francés (¿estudia alguien francés hoy en día?) . Sólo algunas horas de módulos complementarios me habían proporcionado unos conocimientos muy precarios del idioma de Shakespeare. Lo suficiente para comprender  la arquitectura de las frases, a duras penas, sin proporcionarme ningún tipo de vocabulario ni capacidad de comprensión avanzada.
   Nada que un diccionario y mucho empeño no pudiera solventar.
   Recuerdo que me hice con mi primer manual fotocopiándolo frente al conservatorio de música. Quedábamos por la mañana, temprano, y nos pasábamos las horas haciendo fotocopias, cuando, con el tiempo, empezamos a adquirir y conseguir otros manuales. Aquel pirateo era necesario y provechoso, no como ahora, donde acumulamos por el mero hecho de poseer. Porque cada página de aquellas fotocopias, acababa llena de tiza, de manchas de aperitivos, de marcas de lectura, de tiempo perdido. Se leían y releían una y otra vez y en mi caso, terminaban llenas de anotaciones a lápiz, para poder tener traducidas las palabras necesarias para comprender el sentido de las frases.
  No quiero ni recordar las horas que habré pasado diccionario en mano estudiando aquellos reglamentos. Las dudas que habré preguntado cada fin de semana, de vuelta a La Casa de la Juventud. Mi interés repentino por aprender inglés, para saber qué significaba “rope” o “chainmail”.
   Hasta que Joc Internacional comenzó a publicar juegos en castellano. La llamada de Cthulhu, el glorioso Runequest, Stormbringer, James Bond, el Señor de los Anillos… de pronto, todo era rol.  Y Lider seguía, puntual a su cita, ofreciendo información de primera mano acerca de lo publicado. Aparecían ayudas de juego, reglas opcionales, aventuras, comentarios sobre los juegos, tonterías como “Los Pelotas, una criatura para DD” y cosas así. Y yo ya no leía nada acerca de Squad Leader ni de Empire in Arms, porque lo que quería era rolear.
   De la época de la Casa de la juventud, pasamos a las quedadas domésticas, en casa de unos amigos que vivían muy lejos de mi barrio. Luego hubo varios clubs, el servicio militar, y por fin, el encuentro de un grupo estable, que nos reuníamos sábados y domingos para jugar en un trastero subterráneo que poseía un vecino, y donde hacíamos tanto ruido matando monstruos que los vecinos nos llamaban la atención una y otra vez. Pero era imposible refrenarse: teníamos diecinueve años, y muchos mundos que salvar.

4 comentarios:

  1. ¡¡Que gran historia!!

    En nuestro blog también contamos con las historias de los miembros de la asociación.

    Te invito a que te pases a echarles un vistazo:

    http://elcuartooscuroaj.blogspot.com/2010/04/mi-primera-vez-en-los-juegos-de-rol.html

    http://elcuartooscuroaj.blogspot.com/2010/06/mi-primera-vez-en-los-juegos-de-rol.html

    http://elcuartooscuroaj.blogspot.com/2011/01/mi-primera-vez-en-los-juegos-de-rol-por.html

    Un saludo!!

    PD: Espero que no te moleste que haya dejado los enlaces. En todo caso, si no quieres que aparezcan, puedes eliminar el mensaje al completo.

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  2. No me molestan para nada, al contrario, gracias por los enlaces! voy a añadiros a la lista de blogs recomendados...
    Un saludo!!

    Alberto

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  3. Todavía me acuerdo de las partidas que te inventabas y me dirigías. Recuerdo que yo llevaba a un ninja y creo que jugábamos con d6. Me acuerdo de una partida en que me metieron en una prisión y el maldito perro que tenía las llaves, por mucho que le silbara no se acercaba.

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